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SOBRE EL ESTADO DE DERECHO

 

Se habla mucho de Derecho a esto y de Derecho a aquello, y de los Derechos en general. Sería útil recordar que el Derecho es una invención del ser humano. Otras especies no tienen esa noción. Por ejmplo, las ranas, los cachorros de leopardo, las crías de águila, las tortugas, no se plantean el "Derecho a la vida" como nosotros nos lo planteamos; un cierto porcentaje llegará a la edad adulta, y punto. Naturalmente, nuestra especie es superior. Claro que esa es sólo nuestra opinión, pues no hemos consultado debidamente a las otras especies "inferiores". Ese no es el punto, sin embargo, que deseamos tocar aquí. Lo que nos inquieta hoy es la pobre interpretación que se hace, generalmente, de la palabra "Derecho".

Según el diccionario, "Derecho" es el conjunto de normas sociales establecidas por la autoridad que al mismo tiempo vela por su aplicación. Naturalmente, el diccionario (enciclopédico) abunda en detalles y explicaciones de interés que no podemos incluir aquí. Lo que nos interesa destacar es que no basta con declarar una y otra vez que vivimos en un Estado de Derecho para que esta condición tan ansiada se cumpla. No es por medio de la autosugestión como se va a lograr el deseado Estado de Derecho. Este último sólo se realiza en una sociedad que cuenta con un conjunto de leyes que se aplican en toda ocasión. Sugeriría a las autoridades que no volviesen a decir aquello de "vivimos en un Estado de Derecho" mientras no se cumplan las condiciones que nos hagan calificar para esa denominación.

En otras palabras:

Mientras los delincuentes no reciban el castigo que estipula el código infringido (me refiero, claro, a un Código Penal serio y realista) no debemos hablar de Estado de Derecho.

Mientras la corrupción siga extendiéndose y ni la ley, ni juicio alguno evite la impunidad de los culpables, no debemos hablar de Estado de Derecho.

Mientras un restaurante pueda torturarnos impunemente 14 horas seguidas con su "música" a todo volumen en zona residencial, no debemos hablar de estado de derecho.

El respeto a la libertad de expresión honra a cualquier Gobierno pero no debe considerarse como una concesión sino como una de esas libertades por derecho que no deberían ser cuestionadas jamás. Ahora bien, ¿de que puede servir la libertad de expresión, si los otros derechos (aún más fundamentales) están ausentes pues sólo figuran en el papel y en trillados discursos?.

Si no se van a respetar TODOS nuestros derechos, seamos al menos honestos y declaremos que no vivimos en un Estado de Derecho... y hagamos urgentemente todo lo necesario para lograr una sociedad regida por la ley, o el caos nos devorará.

No hemos definido aún el Estado de Derecho, pero de lo dicho arriba, se deduce que un Estado de Derecho es aquel, de existencia legítima, en capacidad de garantizar a todos los ciudadanos el disfrute pleno de todos los derechos estipulados en la Carta Magna y leyes generales. Si afirmo que tengo derecho al descanso, por ejemplo, es porque entiendo claramente que no soy el único que tiene ese derecho, por lo tanto su disfrute me obliga a respetar el de mis semejantes. Eso lo expresamos, generalmente, con la manida frase: "mi derecho termina donde comienza el de mi vecino". Lamentablemente, la frontera expresada por ese "...termina donde comienza..." no parece estar bien definida para muchos. Podríamos concluir como siempre invocando a la educación. Sería preferible, sin embargo, que fuésemos más pragmáticos y aceptáramos de una vez por todas que, puesto que ni la educación ni la inteligencia se conceden por decreto, las autoridades deberían imponer, repetimos, imponer ese respeto a los demás.

Eso sería una sociedad civilizada.                                                    J.G.V.

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